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Tarjetas de memoria.

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Hablando no hace mucho con un amigo en un blog de Internet (la amistad en un medio tan insólito como Internet, un fenómeno que merecería ser estudiado), recordábamos aquellas cajas de hojadelata de determinada marca de cacao, donde iban a parar todas las fotos de familia y las postales que los aventureros de la época mandaban desde sitios tan fascinantes – al menos entonces, y supongo que debido a la ensoñación infantil de la época- como Benalmádena, Gandía, Benidorm, Las Cuevas del Drach en Mallorca…, el summun de lo exótico. Y las reacciones que provocaba su visionado varias décadas después. 
 
 De tal modo que me dispuse a buscar la famosa lata de cacao y pasar un buen rato mirando aquellos documentos que de algún modo ponen el prólogo a tus propias vivencias y a las de tu mujer –porque sí, al final todo me mezcla-. 
 
 Lo clásico: la mili de tu padre, la de tu suegro, las distintas bodas, bautizos y comuniones… etc , hasta que vuelvo a ver una foto que siempre me ha llamado mucho la atención, una foto que debe datar de los primeros años setenta, y que la he considerado un genuino, aunque algo cutre, modo explicativo de algunos de los comportamientos de la época. 
 
 Durante las Fiestas Patronales – otra cosa a investigar- en un pueblo de Castilla, una imagen refleja el momento en que el campeón de una carrera de burros “posa” con un más bien pírrico trofeo, y a falta de acontecimientos de más interés, a su alrededor se arremolinan algunos personajes curiosos. A saber; 
 
 Desde luego lo que más llama la atención son las “misses” y su uniformidad casi carmelita: el mismo peinado, el mismo tipo de gafas, el mismo vestido (y de exactamente la misma altura, encima de las rodillas). Una de ellas, tal vez la más audaz, lleva un vestido de paramecios, y además esboza lo más parecido a una sonrisa –ya digo que parece la más audaz-. La verdad, cuesta trabajo pensar el motivo por el cual otras chicas no fueron elegidas para tamaño honor. 
 
 Supongo que entonces esa manera de vestirse para las fiestas fuese una tendencia, pero para ser tendencia harían al menos falta un grupo de personas, y que un grupo de personas decidieran salir de ese modo a la calle…, sorprende. Casi tanto como la camisa post ye-ye –a juego con el tupé- que lleva el señor de la derecha, y que se la debió de poner ese día por alguna especie de solidaridad rural. 
 
 El campeón… Como ya hemos comentado más arriba, posa de lo más orgulloso con su trofeo ciertamente chuchurrío, ¡tanto esfuerzo para tan poco!. 
 
 La escena tiene como fondo casual la lona de la Tómbola Marines, una de las pocas atracciones de aquellos años mucho antes de que cualquier evento fuese “esponsorizado”. También junto a la lona se ve una de las pocas pintadas autorizadas de aquellos años y que fueron tan populares, al menos en aquellos pueblos castellanos: ¡Vivan los quintos del 64!. Total… ¡que más da!. 
 
 Supongo que a varias décadas vista, la contemplación de esta imagen nos hace sonreír sin ningún disimulo, pero debemos tener en cuenta, y creo que no me equivoco, por mucho que nos sorprenda, y es que a pesar de todo, esos personajes de la foto…¡Somos nosotros!.
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3 Responses to “Tarjetas de memoria.”


  1. 1 enrique ortega
    17 mayo 2012 en 9:14

    Tengo mi lata de chinos en casa, e incluso la he fotografiado, pero cierto pudor me ha impedido crear un post sobre ello, y sobre todo mostrar las fotos de familia. Oye, que son clavaditas a las que citas…la mili de mi padre, su noviazgo y boda con mi madre, y por supuesto, el registro casi anual de nosotros, los hijos. Todo ello para el análisis antroposociológico.

    Hay además en las fotos algo que seguramente muestran las tuyas, aunque no lo citas: el dorso de las mismas. La mayoría de las fotos de una época se hacían para ser llevadas encima, en carteras o bolsos, y son pequeñas, lo que llamaban tamaño tarjeta. Y puesto que eran de los seres queridos solían llevar dedicatoria escrita a mano, de modo que no solamente cuentan algo sobre el exterior sino además sobre los sentimientos de los remitentes y los destinatarios. Lo que vale tanto como lo que está grabado sobre la gelatina de plata.
    “Para que no me olvides, de tu novia Farruca que te quiere”. Más o menos.

    • 2 enrique ortega
      17 mayo 2012 en 9:31

      Por cierto, para un blog y entrada sobre fotografía, el título, Tarjetas de Memoria, supone una bonita pirueta lingüística, algo así como un triple salto mortal hacia atrás con doble tirabuzón semántico. Yo bien pensé que ibas a hacer algún tipo de análisis técnico como los de esos foros que tú y yo conocemos y nos callamos. Me da rabía que no se haya ocurrido a mí…

      • 3 angelherreros
        18 mayo 2012 en 5:25

        Si, es cierto eso que comentas, el famoso “tuyo que lo es, Farruco”. (Menudo era Farruco). No había una gran variedad de dedicatorias, y casi todas se resumían con alguna frase establecida.
        Lo que sí ocurre cada vez que miro esa caja, y veo esas dedicatorias de amor eterno, es ver o imaginar como acabó todo, en qué consistía realmente ese amor, y comprobar como en general, todo acababa en una caja de hojadelata.
        Hace tiempo en una tienda de viejo, aquí en Madrid, era fácil comprar alguna de esas tarjetas con dedicatoria por muy pocos céntimos. Lo cual al tiempo que al placer de la compra, se sucedía una cierta congoja al comprobar, que todo ese amor eterno, acababa en una caja de madera en un anticuario…¿Qué pensarían los amantes al verse relegados a la condición de saldos en una tienda de viejo?. Curioso…y triste.

        Lo último que compré, en una tienda de esas de segunda mano, fue un libro de Fernán Gómez, “El viaje a ninguna parte” , y fue más que nada al ver que estaba dedicado, dice así;
        “A Celia, que siempre tenga buenos viajes F. Fernán Gómez El Retiro – 92”
        Lo cual da para pensar en qué tipo de viajes tuvo la tal Celia, como para acabar así, y todo por 50 miserables céntimos….

        Y sobre el titulo, pues la verdad es que se iba a llamar “caja de memoria”, pero al tiempo de subirlo se me ocurrió lo de la tarjeta, y me pareció mejor idea.

        Un abrazo


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